Tarot que ayuda

El tarot que ayuda a poner nombre a lo que sientes

Taza de té humeante, una manta de lana doblada y una carta boca abajo sobre una mesa de madera, junto a una ventana con lluvia

A veces uno está mal y no sabe decir qué le pasa. Una carta con una figura llorando, o caminando sola bajo la luna, puede servir para decirlo: «esto, me siento como esto».

Esta web va de un uso muy concreto del tarot, y bastante modesto. Nada de adivinar. Se trata de usar los dibujos de las cartas como espejo para reconocer emociones que cuesta nombrar, y a partir de ahí pensarlas, hablarlas o escribirlas.

Por qué funcionan los dibujos

Las barajas más usadas, sobre todo la Rider-Waite-Smith de 1909 y las muchas que la copian, tienen una escena en cada carta. Personas que celebran, que se marchan, que no pueden dormir, que miran lo que han perdido. Son escenas de la vida corriente, y por eso es fácil reconocerse en alguna.

Cuando alguien saca el Nueve de Espadas y ve a una persona sentada en la cama, de noche, con la cara entre las manos, no necesita que nadie le explique la carta. Sabe lo que es pasar una noche así.

Ahí está la utilidad. Ponerle nombre a una emoción ya la hace un poco más manejable, y una imagen ayuda a encontrar ese nombre cuando las palabras no salen. Hay una página con las cartas que más se asocian a emociones concretas, para quien quiera empezar por ahí.

Cómo usarlo

No hace falta saber tarot. Basta con una baraja, un rato tranquilo y ganas de mirar.

Puedes elegir la carta a propósito, repasando la baraja boca arriba hasta dar con la que se parece a lo que sientes. O sacarla al azar y ver qué te despierta. Las dos formas sirven. La primera es más directa; la segunda a veces sorprende, porque la carta no es la que esperabas y te obliga a preguntarte por qué te molesta o por qué te alivia.

Después, lo más útil es escribir. Unas líneas, sin pensar en si están bien. Hay una propuesta paso a paso en escribir después de una tirada.

Lo que esto no es

No es terapia ni la sustituye. Las cartas pueden ayudarte a ver una emoción; no te van a decir qué hacer con ella, y menos aún si lo que sientes pesa mucho o dura mucho.

Si llevas semanas triste, sin dormir o sin ganas de nada, lo que toca es hablar con tu médico de cabecera o con un psicólogo. Y si en algún momento piensas en quitarte la vida, llama al 024, la línea de atención a la conducta suicida. Es gratuita, atiende a cualquier hora y es confidencial. Si hay un peligro inmediato, el 112.

Para los días corrientes, los de estar un poco removido sin saber muy bien por qué, una carta y un cuaderno pueden dar para mucho.

Para empezar