Tarot que ayuda

Escribir después de una tirada de tarot

Mano escribiendo a lápiz en un cuaderno, con una carta boca abajo al lado sobre una mesa de madera y luz cálida

Lo que se piensa delante de una carta se olvida en cuanto se recoge la baraja. Escribirlo, aunque sean cuatro líneas, convierte un rato de mirar dibujos en algo que puedes releer y que a veces te explica a ti mismo.

Lo que necesitas

Una baraja, un cuaderno que uses solo para esto y veinte minutos sin interrupciones. Mejor a mano que en el móvil: escribir despacio obliga a pensar cada frase, y el cuaderno no tiene notificaciones.

Una tirada mínima

No hacen falta tiradas complicadas. Para este uso funciona bien una sola carta, o dos como mucho.

Con una carta, la pregunta es sencilla: «¿Cómo estoy hoy?». Barajas, sacas y miras.

Con dos, la primera es lo que sientes y la segunda lo que necesitas. Es una forma de pasar de la emoción a algo que puedas hacer, aunque sea pequeño.

Qué escribir

Empieza por describir la carta como si se la contaras a alguien que no la ve. Qué hay, qué colores, qué hace la figura. Parece un paso tonto. Es el que más ayuda, porque al describir te fijas en detalles que al principio se te habían pasado, y esos detalles suelen ser los que te tocan.

Luego, estas preguntas. No hace falta responderlas todas.

La última da mucho juego. Quien saca el Cinco de Copas y escribe que le daría la vuelta a la figura para que vea las dos copas en pie, ya sabe bastante de lo que necesita.

Un ejemplo

Imagina que sale el Cuatro de Copas: una persona sentada bajo un árbol, con los brazos cruzados, mira tres copas en el suelo. Desde una nube, una mano le ofrece una cuarta, y no le hace caso.

Alguien podría escribir algo así: «Estoy como él. Todo me aburre, nada me apetece. Me ofrecieron ir al pueblo el fin de semana y dije que no sin pensarlo. No sé si es cansancio o que ya no me interesa lo de siempre».

No resuelve nada, pero ahí ya hay una pregunta clara. Cansancio o desinterés. Eso se puede pensar, o hablar con alguien.

Releer

Cada pocas semanas, vuelve atrás y lee lo escrito. Suelen aparecer cartas o temas que se repiten, y emociones que entonces parecían enormes y ahora se ven de otra forma. Esa distancia es, probablemente, lo más valioso de todo el ejercicio.

Cuándo dejarlo

Si escribir te hace sentir peor día tras día, o si lo que sale en el cuaderno te asusta, para. Cuéntaselo a alguien de confianza y pide ayuda a un profesional de la salud mental; tu médico de cabecera puede orientarte. Si tienes pensamientos de quitarte la vida, llama al 024. Las cartas acompañan, y para lo serio hace falta una persona preparada.

También en esta web: Arcanos y emociones: cartas para reconocer lo que sientes